Partida (seudónimo de María Cristina Galibert) ***premio del jurado***

─¿Cuánto te corto? ─pregunta el peluquero.

─Rebajámelo un poquito, nada más ─dice Elisabeth─ me lo quiero dejar crecer.

─¿Otra vez te lo vas a dejar crecer?

─Sí ─dice ella.

─Mirá que puede tardar.

─Bueno, en dos años va a estar largo.

─Sí ─dice el peluquero─ en dos años.

Sus miradas se cruzan en el espejo. El peluquero inclina levemente la cabeza.

─¿Qué dice el médico?

─Que tengo que hablarlo.

─¿Y lo hacés?

─En realidad, me cuesta.

─¿Sí?

─Sí.

─Primero te lo lavo.

─Me lo lavé recién.

─¿Y por qué?

─Sí, qué tonta, ¿no?

─Si sabés que igual te lo tengo que mojar.

Le acomoda la bacha bajo la cabeza.

─¿Cómo anda el trabajo?

─Y, pesado. La semana que viene empieza la Kunstrai, la feria de arte.

─¿Todavía te las arreglás?

─Y, más o menos.

─Claro, más o menos.

─Tengo temblores.

─Sí, me di cuenta.

Enciende el duchador.

─¿Está muy caliente?

─No ─siempre dice que no.

─¿Pero seguís en tratamiento?

─Por el momento no.

Se apaga el duchador. El agua le corre por la nuca.

─¿Por qué? ¿Ya no hay nada que hacer?

─Sí, pero por ahora no.

─Por ahora no, claro.

El pomo de shampoo está casi vacío.

─Alcanzó justito ─dice el peluquero. Parado detrás de ella, le masajea la cabeza.

─¿Te pronosticaron algo?

─Bueno, nunca se sabe.

─No, claro.

─¿Perdí mucho?

─No me parece, no.

─Puede llevar semanas, puede llevar meses. Ésa es la realidad.

─¿Pero años no?

─No, años no.

─¿Ya lo sabe Cocó?

─Sí.

─¿Qué dijo?

─Y, no le gustó nada.

─Claro.

Vuelve a abrir el duchador y le enjuaga el cabello.

─¡Qué grande que se está poniendo, eh!

─Bueno, ya tiene veintitres años.

─No, quiero decir “fuerte”, “grande”, “gorda”.

─Bueno, sí, sigue creciendo.

─Bue’.

─Si engordás, es mejor no tener el pelo tan corto.

─Es lo mismo que le dije yo, pero ella lo quiere corto.

─¿Así de corto?

─Tal vez no tanto.

El peluquero toma una toalla y le seca el cabello.

─¿Por qué será que los peluqueros siempre cortan más de lo que uno quiere?

─Y, porque si no tengo la impresión de que no hice nada.

─¡Ah, claro!

─Bueno, ahora sentáte derecha. ¿Lo sabe Wilbert?

─No sé. Supongo que Cocó se lo habrá contado. Aquí no viene más, ¿no?

─No, ya hace rato que no viene. Antes lo veía de vez en cuando en el café de al lado, pero de eso ya hace años.

─Ya no toma, ¿no? ─dice Elisabeth.

─Seguro que por esa mujer.

─Sí.

─Capaz que es mejor así.

─¡Qué más da! ─ Elizabeth se alza de hombros.

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